
En los días otoñales,
desgranan las ramas sus hojas de colores
tapizando el bosque
con un halo de silencio.
Ya no canta el mirlo,
triste salta de rama en rama
recordando días de festín y siesta.
Desabrigado, el sauce siente frio,
ahonda sus raíces en el suelo
bajo el manto escarchado.
Tras la loma,
sale el sol blanquecino,
tiende su fino tul
sobre la cúpula celeste.
